Venite conmigo
Venite
conmigo
Si me dijeras “Venite conmigo”
lamería el blando camembert
de tus labios exangües.
Secaría el sudor de tus pies,
lirios descalzos,
con lengua de ratón sediento.
Pondría rosas en las tumbas
de los amantes desconocidos
y sol en los almacenes
de los veteranos de guerra.
Adoraría a vírgenes, hechiceros y magas,
dando gracias
a suicidas y demonios,
al Rey de Inglaterra,
al bastonero de las escolleras,
a tu nuca
de tan minúscula santidad.
Sería el leño del quebracho
que atiza el fuego
de la conjurada salamandra,
la endecha elemental,
el tumulto de las caravanas circenses.
Pagaría mis impuestos,
hasta los más injustos.
Dejaría de correr maratones
contra pájaros cautivos
y, sobre todo, sobre todo,
dejaría de vivir en tiempo condicional
de rocíos de ópalo
para estancarme
en las aguas transparentes
de tu lago incondicional.
Ciclo
¿Si somos raíz
del viento
y espuma sin memoria,
por qué contar
las noches y los días
con ábacos inútiles
para detener el serrín
del ciclo temporal
que nos atrapa?
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