Venite conmigo
Venite conmigo Si me dijeras “Venite conmigo” lamería el blando camembert de tus labios exangües. Secaría el sudor de tus pies, lirios descalzos, con lengua de ratón sediento. Pondría rosas en las tumbas de los amantes desconocidos y sol en los almacenes de los veteranos de guerra. Adoraría a vírgenes, hechiceros y magas, dando gracias a suicidas y demonios, al Rey de Inglaterra, al bastonero de las escolleras, a tu nuca de tan minúscula santidad. Sería el leño del quebracho que atiza el fuego de la conjurada salamandra, la endecha elemental, el tumulto de las caravanas circenses. Pagaría mis impuestos, hasta los más injustos. Dejaría de correr maratones contra pájaros cautivos y, sobre todo, sobre todo, dejaría de vivir en tiempo condicional de rocíos de ópalo para estancarme en las aguas transparentes de tu lago incondicional. Ciclo ¿Si somos raíz del viento y espuma sin ...