Mucilaginosa Una vez llegamos a la Tierra de Nadie. Mucilaginosa. Nos precipitamos en la carretera para ser los primeros. Nos estaban esperando. Éramos más del montón de aguafiestas que no pueden quererse si no es bajo la llama de la belleza y un terror acidulado que los espanta. Afortunadas criaturas, falsas y rubicundas, nos rodeaban sonrientemente histéricas. Señores verbosos y locuaces. como políticos en elecciones partidarias nos abrumaron con discursos tan perentorios como inevitables. La Tierra de Nadie, ¡cuánta angustia edulcorada! era la tierra de todos menos de Nosotros. Mundo perdido entre nubes de humo gris, sin celeste en su cielo indecoroso. Todos repiten a coro: Una imagen vale más que mil palabras. Y, sin embargo, desconocen la querencia de una aurora en silencio. Frías y distantes esculturas del siglo van anegando la pista peatonal c...
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